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AGM Abogados – París

En los últimos años, y a consecuencia de la crisis, la tendencia de las empresas españolas de dirigir la comercialización de sus productos hacia el extranjero ha ido en aumento. Por esta razón, la elección de la figura jurídica de la persona que se va a encargar de negociar y concluir las ventas es de gran importancia.

En Francia, dos opciones son las más utilizadas:  la posibilidad de encomendar la tarea a un agente comercial o, por el contrario, a un representante comercial. Es imprescindible conocer las diferencias existentes entre ambas figuras para elegir la más adecuada a las necesidades de la empresa.

En primer lugar, el agente comercial es un mandatario que se encarga de manera permanente de negociar y de concluir contratos de compra o venta en nombre y por cuenta de la empresa[1]. No existe vínculo alguno de subordinación, el agente es un negociador independiente que debe afiliarse al régimen de autónomos y asumir personalmente las cotizaciones sociales.

En segundo lugar, el representante comercial es toda persona que, trabajando por cuenta de uno o varios empleadores, ejerce una actividad general de representación, por lo que puede llegar a encargarse de la comercialización de los productos de la empresa a la que representa[2]. Al contrario que el agente comercial, éste se encuentra un plano de subordinación con respecto al empleador. Unido a la empresa por un contrato de trabajo, el agente dispone de todos los derechos propios a los trabajadores, debiendo afiliarse al Régimen de la Seguridad social.

Desde la perspectiva del empleador, la elección de una u otra figura dependerá de las necesidades particulares de cada empresa. A modo de síntesis, contratar a un agente comercial presenta, principalmente, dos ventajas: por un lado, la libertad contractual permite al empresario modelar con facilidad los términos de la relación con el agente y, por otro lado, es el agente, y no la empresa, quien soporta los costes sociales, lo que se traduce en una reducción del gasto. Sin embargo, en lo concerniente al representante, dicha libertad se encuentra restringida por las exigencias de la legislación laboral, y los costes sociales son, en este caso, asumidos por la empresa, lo que supone una carga suplementaria. El atractivo de la figura del representante, por su parte, se debe al control que puede ejercer el empresario, ya que muchos temen la independencia inherente al agente comercial.

[1] Art. L 134-1et ss. du Code de commerce.

[2] Art. L7311-2 et ss. du Code du travail

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