El factor tecnológico y las soluciones innovadoras en los despachos

Luis García Muñoz
Departamento de Marketing y Comunicación
AGM Abogados

El mercado de los servicios jurídicos está viviendo un proceso de cambio radical, que tiene como objetivo mejorar la eficiencia y la satisfacción del cliente en un entorno de creciente competitividad y saturación de oferta. Además, el factor tecnológico está revolucionando el modo en el que esos clientes buscan al profesional y también la propia estrategia de los despachos para sobrevivir y crecer en el mercado. Sus responsables saben que la necesidad de evolución es una realidad que se les impone a sí mismos y al propio despacho, aunque ese proceso de cambio siempre es costoso de emprender.

Las constantes de esa nueva realidad apuestan por un mayor nivel de exigencia por parte de los clientes, que requieren un servicio a medida, mucho más personalizado, con presupuestos más ajustados y mayor flexibilidad. Además quieren recibir respuestas inmediatas sobre el estado de sus asuntos, en definitiva tener un mayor control sobre los mismos. En este sentido, la tecnología es un factor diferencial en el proceso de cambio, no sólo en el ámbito de la comunicación, sino también en la forma en que se reporta a los centros de decisión. Pero además, los despachos deben ayudarse de dos factores decisivos como son una organización del trabajo menos compartimentada, muchos más conectada entre áreas, con un enfoque global y también de una mayor optimización de los recursos desde el punto de vista del capital humano.

No obstante, el factor tecnológico ha de ser un medio y no un fin, un medio para mejorar la eficiencia y agilizar la comunicación, pero sin olvidar que el fin sigue estando en los profesionales, que son quienes tienen que hacer valer esa eficiencia al tiempo que seguirán siendo los depositarios de la confianza del cliente.

Desde el punto de vista de este último, las constantes además de las ya mencionadas, se orientan hacia la diversificación, de tal forma que las grandes compañías están más dispuestas que nunca a contar con varios proveedores legales, con el objetivo de obtener una mayor eficiencia en los asuntos, así como mejorar las condiciones, siempre con el factor calidad/precio en el punto de mira.

También es común que trabajos que antes encargaban a los despachos de abogados, ahora los gestionen mediante el “abogado in house”, su propio departamento jurídico, así como que opten incluso por proveedores no jurídicos, para resolver cuestiones para las que antes acudían al despacho de confianza. Sin embargo, son más proclives a acudir a él cuando se trata de asuntos muy especializados, muy confidenciales o de gran complejidad y, en esos casos, su demanda de asesoramiento no se restringe al ámbito estrictamente jurídico, sino a la interpretación de los hechos legales en función del sector, la empresa o el negocio concreto.

Es por ello que la función del profesional no se limita a contar con un conocimiento exhaustivo del ámbito jurídico, sino que debe disponer también de los conocimientos necesarios para su interpretación en el ámbito y el sector concreto en el que se desarrolle la actividad de su cliente.

El escenario de cambio afecta por supuesto también a la forma en que cliente y abogado se relacionan contractualmente. Dentro de esa política de requerir un servicio a medida, la empresa puede optar por un asesoramiento especializado menos “clásico”, lo que supondría la figura del “abogado por proyecto”, muy próxima al Legal Interim Management. Una figura o incluso un equipo de profesionales aliados que asesoren puntualmente y que no necesariamente han de estar ligados a una misma marca. El Legal Interim Management es un modelo muy ligado a la cultura empresarial anglosajona y es más común a otros ámbitos como la ingeniería. Implica una nueva forma de contratar, en la que el abogado o el equipo de abogados trabajan dentro de la empresa, con un contrato de prestación de servicios y por un periodo puntual. Y garantiza también otra forma de trabajar, caracterizada por una mayor flexibilidad y la rápida adaptación al entorno de la empresa que le contrata. Se trata de una solución propicia para situaciones específicas como una variación sustancial en alguna reglamentación muy relevante para la empresa ante la que reaccionar o motivada por una necesidad muy específica de un cliente o nuevo cliente. Además es una fórmula que suele resultar exitosa tanto para el cliente como para el proveedor y con la que hay que competir si nuestro enfoque del trabajo se decanta por un modelo más clásico.

Otra de las alternativas son los secondments, que apuestan por la presencia puntual del abogado en la sede del cliente, para obtener una visión más completa de su negocio y garantizar también más cercanía y más calidad, manteniendo el acceso remoto a toda la documentación y posibilidades con las que cuenta en su propio lugar habitual de trabajo.

En todo caso, la importancia de la innovación hay que tenerla presente siempre, del mismo modo que es imprescindible enfocar la prestación de servicios jurídicos como un prisma con muchas caras, cuyas alternativas permiten ofrecer una mayor calidad en el trabajo y el valor añadido que es obligado aportar a cada cliente.

Tanto si podemos adaptar estos nuevos modelos a nuestra relación con ellos, como si no podemos hacerlo, es de gran interés conocer de primera mano esta realidad al detalle, para estar en condiciones de competir con ella minorando las desventajas que pueda acarrear no adoptarla.

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