Leonardo Cárdenas Armesto
Socio Área Fiscal y Tributario
AGM Abogados – Barcelona

Es conocida la relevancia de la empresa familiar (EF) en el mundo y en especial en España. En nuestro país, su tejido empresarial está formado por más 1,1 millones de empresas familiares que representan más del 89% del conjunto empresarial, según el “Estudio de la Empresa familiar 2015” elaborado por el Instituto de la Empresa Familiar (IFE).

Esto las convierte en el mayor generador de empleo y actualmente representan el 67% del empleo privado y son responsables del 57,1% del PIB del sector privado.

La importancia en la Unión Europea es igualmente significativo, donde alcanza hasta el 60% del total de empresa, y elevándose en Estados Unidos al 80%.

El ciclo generacional de la EF está compuesto, actualmente, en cuanto a la propiedad del accionariado de la siguiente forma:

La longevidad de la EF es de una vida media de 33 años, lo que denota que algo no se está haciendo bien.

Dentro de los problemas que tiene la EF, es el de la sucesión que no se abordar con la importancia que debería tener y que se plasma en que solo 10% de las EF tienen un protocolo familiar que les permita regular su transición a la siguiente generación.

Es bien cierto que enfrentarse a este asunto puede generar conflictos entre las familias, tanto con respecto a la posición y papel que debe adoptar el empresario mientras no abandone este mundo, como a la que deben jugar sus herederos en la empresa, sin olvidar el equilibrio patrimonial y emocional en las familias.

Es evidente que si todo el esfuerzo desarrollado durante largo tiempo por el empresario, no es canalizado de una forma adecuada y rigorusa, puede dar lugar a la muerte de la empresa, y por ende, a su capacidad de generar riqueza y empleo.

Es por ello que se debe tener presente la necesidad de analizar y adoptar decisiones que conlleven a un cambio generacional, encaminado a la continuidad de la empresa, dejando en manos de los más capaces la dirección de la misma, sin olvidar el derecho que deben tener los otros herederos a ser recompensados y remunerados suficientemente, y todo ello en aras de evitar conflictos generacionales que obstaculicen la buena marcha y éxito de la empresa.

Esta responsabilidad que tiene el empresario, que no es únicamente familiar sino social, debe asumirla de forma meditada que le permita analizar, interiorizar y decidir qué medidas debe tomar y cómo las debe implementar para asegurar el futuro de su familia y de su empresa.

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