Asilo por motivos religiosos: cuando creer (o no creer) te condena

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Brian García Reyes

Para millones de personas, la religión es mucho más que un conjunto de creencias, valores y principios. Para muchas personas alrededor del mundo, la religión es una forma de vida, un pilar, algo de lo que no pueden prescindir o renunciar.  

¿Imaginas un mundo en el que tu vida estuviera en peligro por algo tan simple e inofensivo como tener fe? No hace falta imaginarlo, porque ya existe. 

De nada sirve que el derecho a la libertad religiosa esté incluido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 (art. 18) ni en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 (arts. 18 y 27), ya que en 61 países del mundo (el 31,1% de los países) se vulnera el derecho a la libertad religiosa. Asimismo, y según los datos del “Informe sobre libertad religiosa en el mundo en el año 2023” (publicado por la entidad ACN INTERNATIONAL), desde el año 2021, como mínimo en 40 países se han asesinado o secuestrado a personas con motivo de su fe, de los cuales en 36 de esos 40 países los autores rara vez o nunca han sido procesados judicialmente.  

Unos datos escalofriantes, en los cuales sorprende la impunidad en dichos países por la comisión de este tipo de actos. Aunque más sorprendente aún es saber que en 49 de los citados 61 países en los que se vulnera la libertad religiosa, la persecución y la discriminación proviene del propio gobierno. 

Esta situación no solo recae en personas que profesan religiones minoritarias, sino que afecta a prácticamente todas las religiones, independientemente de la cantidad de fieles que tengan. 

En Rusia, los Testigos de Jehová y los musulmanes son perseguidos, detenidos arbitrariamente y sometidos a todo tipo de humillaciones, ya que, según el gobierno ruso, se tratan de dos comunidades de carácter extremista. 

Por su parte, en Asia no escasean las situaciones de persecución y discriminación hacia personas pertenecientes a diferentes comunidades religiosas, ante el silencio de gran parte de la comunidad internacional. Una muestra de ello, son las detenciones arbitrarias, internamientos y situaciones de tortura en China a minorías musulmanas (como los uigures), a las que se les obliga a abandonar sus prácticas culturales y religiosas, e incluso se les prohíbe a hablar en su propio idioma. Es en este mismo país donde las autoridades han retirado cruces y lemas cristianos, han cerrado y destrozado iglesias cristianas y han interrogado a sus miembros y dirigentes, además de perseguir y discriminar a los miembros pertenecientes a comunidades budistas minoritarias. 

Aunque el caso más antiguo y sanguinario de persecución en Asia se encuentra en Myanmar, un país en el que durante decenas de años se viene discriminando y persiguiendo con una brutalidad sin precedentes a los musulmanes rohingyas, habiendo resultado muertos hasta ahora miles de rohingyas, desplazados cientos de miles y más de un millón confinados en campamentos de refugiados de Bangladesh. Sin embargo, más de 600.000 rohingyas aún siguen en Myanmar viendo privados sus derechos más elementales. 

En el continente africano, las personas pertenecientes a varias comunidades cristianas son perseguidas y discriminadas y sus lugares de culto atacados en países como Nigeria, Egipto y República Centroafricana. 

Asimismo, en América, se dan casos de persecución a personas cristianas, así como ataques a sus lugares de culto. Por ejemplo, se suceden incendios a iglesias en Chile y ataques a templos cristianos en Estados Unidos, secuestros a sacerdotes en Haití, así como ataques a ministros religiosos en Nicaragua y Colombia.  

Ya en nuestro continente, un dato relevante es el aumento de ataques y situaciones discriminatorias a la comunidad judía. 

Todas estas situaciones, por suerte, y aunque no lo parezca por la impunidad de la mayoría de estos actos, encuentran protección y defensa en varias disposiciones jurídicas a nivel internacional. 

A nivel más general, encontramos la Convención de Ginebra de 1951, sobre el Estatuto de los Refugiados, que incluye en el concepto de refugiado la religión como motivo de persecución. 

Por otro lado, en la Declaración de la ONU sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones de 1981, se establece que nadie será objeto de discriminación por motivos de religión (art. 2) e impone a los Estados la adopción de medidas eficaces para prevenir y eliminar la discriminación por motivos de religión (art. 4). 

En territorio español, la Ley 12/2009, que regula el derecho de asilo y la protección subsidiaria, incluye la persecución por motivos de religión como motivo válido para fundar la solicitud de asilo (art. 3) y establece que la persecución puede proceder tanto de los propios Estados como de personas individuales o comunidades de personas (art. 13). 

Por otra parte, y ya centrándonos en la solicitud de asilo en sí, el ACNUR en sus Directrices sobre solicitudes de asilo por motivos religiosos, publicadas en 2004, establece varios puntos relevantes y muy importantes a la hora de plantear una solicitud de asilo. 

Uno de los aspectos relevantes es que la solicitud puede originarse en conversiones religiosas realizadas con posterioridad a la salida del país, sin necesidad de que la conversión se realice en el país de origen. De esta manera, alguien que se convierta a una religión perseguida en su país de origen, podrá formalizar una solicitud de asilo en España, para evitar que sea devuelto a su país y posteriormente perseguido. De hecho, y en esta línea, el pasado 29 de febrero el TJUE dictó una Sentencia (Bundesamt für Fremdenwesen und Asy y JF, Asunto C222/22), amparando que los solicitantes de asilo pueden cambiar de religión después de haber abandonado su país de origen, considerando que prevalece el derecho a pedir protección internacional, aunque los Estados de la UE puedan sospechar que usen este cambio de fe para obtener el estatus de refugiado. 

Otro aspecto que destacar es que las solicitudes de asilo por motivos de religión no solamente protegen las situaciones de persecución por practicar una religión o creencia, sino que también protege las situaciones de persecución por ser ateo o mantener una creencia no teísta. 

Un tercer punto relevante que se deriva de las citadas Directrices, es que las solicitudes de asilo pueden basarse en situaciones en las que la persona religiosa se niegue a prestar el servicio militar obligatorio por razones religiosas, y dicha negación constituya la comisión de un delito y, por lo tanto, un riesgo de detención y encarcelamiento por el mero hecho de ejercer el derecho a la libertad religiosa. 

Visto todo lo anterior, es más que evidente que la comunidad internacional ha dispuesto todas las herramientas jurídicas para proteger el derecho a ejercer la libertad religiosa, así como para proteger el derecho a no ejercerlo, protegiendo así a todas aquellas personas agnósticas o ateas. Y entonces, ¿por qué tanto silencio ante algunas de las atrocidades que se suceden alrededor de todo el planeta contra aquellas personas que únicamente quieren desarrollar su fe sin miedo y con total libertad? ¿Acaso creen que esas herramientas tendrán valor solamente por el hecho de existir, sin que nadie las haga valer? ¿O pretenden únicamente que todos los elementos de protección únicamente sirvan para proteger precisamente las religiones que interesan a una mayoría? ¿Realmente estamos ante un derecho a la libertad “premium” al alcance de unos pocos? 

Todas estas preguntas se podrían responder de muchas maneras, pero la gran mayoría de respuestas nos llevarían a una triste realidad: la mercantilización de los derechos. Una triste situación que, por desgracia, es el pan de cada día en muchos países, en los que la libertad se cotiza caro en el mercado de los derechos humanos, en el que como siempre, solamente los privilegiados pueden comprarla sin hipotecarse de por vida. 

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